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Artículo: Competir aumenta los ataques de pánico
Diario: La Nación
Sección:
Ciencia/Salud
Fecha de publicación:
31 de Julio del 2000
Autor: Cristina Macjus
Cuando una empresa no tiene límites en lo que exige a sus empleados, crecen los miedos y las fobias.

 

Terminó el secundario con un promedio de 9,25. Hijo de padre alcohólico, Fabián supo que para cumplir su sueño de ser abogado tendría que luchar. Trabajó para pagar sus estudios y la internación de su padre. Aun así, se recibió a los 23 años. Jamás se permitió una falla. Después, logró su propio estudio jurídico. Era un triunfador. Entonces, justo cuando lo tenía todo, tuvo su primer ataque de pánico.

Lo que le sucedió a Fabián no es un caso aislado. Los especialistas afirman que las fobias y el ataque de pánico están en aumento. "Las patologías del miedo toman contornos epidémicos _dice Miguel Espeche, psicólogo y coordinador de los Talleres de Salud Mental del hospital Pirovano_. Surgen de un contexto social de ruptura de lazos solidarios." Para Roberto Sica, jefe de Neurología del hospital Ramos Mejía, "el aumento ocurre porque el mercado laboral es más exigente y el estilo de vida, más estresante".

Las personas que sufren ataques de pánico suelen tardar en identificar lo que les sucede, pues nada de lo que ha pasado en los minutos anteriores justifica el miedo. Como los síntomas son muy parecidos a los de un trastorno cardíaco (taquicardia, sudoración, temblores, sensación de ahogo o de desmayo, opresión en el pecho, hormigueo, escalofríos y sofocaciones), les dan una significación catastrófica y pueden sufrir síntomas psíquicos, como el temor a perder el control o volverse loco, sensación de irrealidad, despersonalización y muerte inminente.

El cuadro dura entre tres y diez minutos, pero en los casos severos puede prolongarse más de media hora. La persona llega al consultorio cuando el supuesto ataque ya pasó. El médico ordena un chequeo y los resultados confunden al paciente: óptimo estado físico. Sólo es necesaria una nueva crisis para que comience una peregrinación de cardiólogo en cardiólogo.

"Los pacientes que concurren a nuestra asociación tardaron un promedio de cinco años en obtener un diagnóstico correcto y consultaron como mínimo a ocho profesionales", explica Daniel Bogiaizian, psicólogo director de la Asociación Ayuda, institución especializada en trastornos del miedo.

La punta del ovillo

"Las investigaciones indican que hay factores genéticos involucrados, pero todavía no se sabe en qué cromosoma está el defecto _dice Sica_. La explicación más conocida sobre lo que sucede en el cuerpo acusa a los neurotransmisores del cerebro, específicamente los receptores alfa 2 adrenérgicos, que se encontrarían hipersensibilizados en estos pacientes y reaccionarían excesivamente ante la noradrenalina, sustancia que aumenta cuando uno tiene miedo y prepara el organismo para la huida o la defensa. En estos individuos el sistema se pone en alerta cuando no es necesario."

Pero la predisposición genética no alcanza. "La mayoría de estos pacientes comparte una historia similar _explica Bogiaizian_. Tuvieron padres sobreprotectores y decodificaron con miedo el mundo exterior; al crecer, las cosas que están fuera del control de los padres comenzaron a sentirse peligrosas; un año antes de la primera crisis pasaron por una situación que los hizo sentir sobrepasados, como la muerte de los padres o un problema económico muy severo."

Los especialistas coinciden en que el ámbito más propicio para que aflore el problema son las megaempresas supercompetitivas. "Las exigencias del mercado laboral actual son ideales para que los panicosos se enganchen. No hay límites en lo que una empresa exige. Como estas personas carecen de límites en la forma en la que desarrollan su tarea profesional, trabajan 12 horas y tienen un rendimiento muy superior; pero el cuerpo no resiste y termina poniendo los límites que la persona no supo poner."

La situación se convierte en una bola de nieve. Los exitosos profesionales no se permiten mostrar debilidad ante sus compañeros, porque perderían la liana privilegiada de la que están agarrados en la jungla laboral.

Rodeados de un medio que nos los comprende, se sienten muy solos y comienzan a acumular fobias: por lo menos la mitad de los panicosos padece agorafobia (miedo a los espacios abiertos) o fobia social (temor excesivo al juicio que pueda hacer su entorno acerca de su desempeño).

En los casos más severos, la persona llega a tal punto que no se anima a salir de su casa. Esto le sucedió a Gabriel, de 24 años, que concurre a los talleres del hospital Pirovano. "Cuando iba a la facultad sentía que entrar en un aula era como rendir un examen. Luego me comenzó a costar viajar en colectivo, comer en lugares públicos ... me fui aislando."

Darse un respiro

El primer paso del tratamiento es explicarle a la persona qué es lo que padece. "Eso les quita un gran peso de encima. De repente se enteran de que no se van a morir, que no se están volviendo locos", explica Bogiaizian. Luego, hay que diseñar una terapia psicofarmacológica y piscoterapéutica. Una terapia adecuada puede cambiar la significación catastrófica que el paciente les da a los síntomas físicos.

Otros profesionales, como por ejemplo los del hospital Pirovano, trabajan desde otra perspectiva: nada de terapia y sí mucha ayuda mutua. "Más que luchar contra el miedo, es importante favorecer la confianza a través de lazos afectivos de contención _explica Espeche_. El miedo no se debe atacar de manera directa, se lo puede diluir estableciendo mejores vínculos. El que sufre pánico busca seguridad, y en eso está condenado al fracaso, ya que lo seguro no existe. En cambio, sí tranquiliza una red afectiva de sostén, red que debilita la vida urbana dedicada sólo a la producción económica."

Diario LA NACIÓN - Sección CIENCIA / SALUD - Julio 2000

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