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Artículo: Historia clínica: Los ruidos de la vida
Diario: La Nación
Fecha de publicación:
29 de Diciemre de 1999

Daniel Bogiaizian
Psicólogo director del Area Psicológica de la Asociación Civil Ayuda


El chico se agacha. Prende la mecha y grita: ¡Cooooorran! Los niños se desparraman por la vereda, divertidos.
¡BUM!

Romina se paraliza, aterrorizada. Se tapa los oídos y comienza a temblar. El corazón se le sale de la boca. Los latidos le retumban en el cerebro. Es que sufre de una fobia específica conocida como acustifobia, que le produce un miedo exagerado a ruidos de fuegos artificiales, disparos y truenos.

Vino a verme el mes último. Se acercaban las fiestas y la idea de pasar fin de año debajo de la cama la colmaba de angustia. Lejos de ser un motivo de alegría, esta época del año representa temor e inquietud. Ella intenta paliarlo con calmantes, pero la dejan atontada, no terminan de resolver el problema ni le permiten funcionar adecuadamente. Le teme a los ruidos, pero también a que alguna forma de explosión la asuste, y esto la ponga en ridículo estando en público.

Apenas estamos en las primeras sesiones. De su historia personal es importante la relación con su mamá. También muy temerosa, luego de la muerte de su marido (cuando Romina era muy chiquita), se la llevaba a dormir a su cama en días de tormenta. Le tapaba los oídos y dormía abrazada a ella para no sentirse sola. Esto marcó terriblemente a la niña.

El tipo de tratamiento indicado corresponde al de desensibilización sistemática. Consiste en exponerla gradualmente al estímulo del sonido que la asusta e ir ajustando su respuesta hasta que logre controlarla.

Al mismo tiempo, trabajamos desde el campo cognitivo. Romina debe hacer una evaluación correcta del significado del sonido. Si estuviera en un campo de guerra, la reacción de miedo ante un ruido de un petardo sería correcta. Pero en el caso de una vereda, la sensación más fuerte debería ser no mayor a la incomodidad. Romina reacciona con pánico, sin capacidad de reflexionar. Por eso busco que se cuestione. Nos exponemos a un estímulo sonoro, y luego lo conversamos.

Estamos reorganizando la escala con que mide los ruidos de la vida.

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