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Puede estar afectando a cualquiera de nosotros o de los que nos rodean. Las personas con TAG son personas preocupadas o que se enganchan con todo. Son acelerados, impacientes, quieren todo ya. Viven como enchufados y son nerviosos. Están irritables, se enojan por cualquier cosa. Tienen un alto sentido del "deber", son responsables o, más bien, sobreresponsables. Les gusta tener todo bajo control. Les cuesta delegar. Padecen síntomas, y conviven con ellos. A diferencia del Trastorno de Pánico, donde los síntomas físicos aparecen de forma violenta y durante períodos muy cortos, en el TAG, los síntomas físicos son producto de la tensión que se sostiene por períodos muy largos de tiempo. De acuerdo con los grupos musculares que estén comprometidos, las personas afectadas pueden sufrir dolores de cabeza, mareos, temblores, contracturas, bruxismo, sensaciones de ahogo, inquietud motora (por ejemplo, mover una pierna estando sentado) y fatiga. También son frecuentes los desórdenes gastrointestinales y la sudoración. A nivel del pensamiento, nos encontramos con preocupaciones de distinto contenido. Los temas son variados y suelen estar relacionados con la vida cotidiana. Por ejemplo, en las mujeres, son típicos los temores a que alguno de los hijos o el marido sufra un accidente o enfermedad, la posibilidad de ser asaltados. En los hombres, son más frecuentes los temas relacionados con el posible desperfecto del automóvil, con el orden económico y laboral; en general, siguen pensando en el trabajo o se llevan tareas para terminarlas en casa. Este cuadro acarrea dificultades para conciliar el sueño o relajarse. Las personas con TAG tienen tendencia a pensar catastróficamente y hacen verdaderos esfuerzos para tratar de prevenir las posibles amenazas; de ahí que, a nivel de la conducta, realicen distintas maniobras para tratar de neutralizar o controlar lo que temen, En algunos casos, llegan también a preocuparse por la preocupación, es decir, que la padecen como incontrolable e intentan tratar de suprimirla, pero terminan fracasando. Sin embargo, hay un límite para la preocupación y si ese límite se desconoce, se la empieza a vivir como incontrolable y comienza a ser un problema en sí misma.
Aparecen las dificultades para concentrarse, para resolver problemas, la irritabilidad, la impaciencia y una visión negativa que abarca todas las áreas de la vida. De ahí, la importancia del diagnóstico de este trastorno para su tratamiento. Muchos de los afectados toman psicofármacos, a veces, por su cuenta. Sin embargo, no siempre obtienen los resultados esperados. El tratamiento que no aborde los aspectos psicológicos del problema difícilmente pueda ser efectivo. En este sentido, la psicoterapia cognitiva conductual viene demostrando ser muy adecuada para esta problemática. Lo que se hace desde esta perspectiva es, en primer término, psicoeducar al paciente para que pueda discernir entre ansiedad normal y patológica. Se le enseña a identificar las esferas de preocupación, a identificar y a clasificar los pensamientos distorsionados y se lo entrena en distintas técnicas que van desde posponer la preocupación hasta el entrenamiento en resolución de problemas. También, se utilizan técnicas que apuntan a poder trabajar las áreas afectadas por la tensión con ejercicios de respiración controlada y relajación.
El objetivo final no es eliminar la preocupación, ya que este proceso es parte de la vida y de hecho sirve para prevenir. En cambio, se busca generar la optimización de la preocupación, dejándola en niveles que no terminen inmovilizando y afectando la posibilidad de disfrutar.
Lic. Daniel Bogiaizian Presidente y Director del área Psicológica de la Asociación AYUDA; Secretario de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad; miembro de la ADAA (Asociación Norteamericana de Trastornos de Ansiedad); docente de la Universidad de Belgrano, Miembro del Comité Ejecutivo de GAMIAN (Alianza de Redes por la Defensa de la Salud Mental).
REVISTA CARAS - SECCIÓN SALUD - MARZO 2002 < volver
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