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Artículo: CRISIS ECONOMICA
Qué se puede hacer cuando todo cambia (para peor...)

Revista: Cosmopolitan
Fecha de publicación:
Marzo del 2002
Autor: Adriana Lorusso
El "corralito" transformó nuestras vidas y nos llenó de preocupación. Aunque no podamos modificar la realidad, todavía es posible vivir con alegría. Aquí te damos las claves para recuperar la esperanza.

 

Agustina había ahorrado todo el año pasado para pagarse un curso de perfeccionamiento de inglés en Estados Unidos. En el banco, su cuenta en dólares aumentaba un poco cada mes y ella calculaba que para marzo de 2002 iba a tener la cifra que necesitaba. En diciembre, el corralito se quedó con sus ahorros y la posibilidad del viaje se evaporó por tiempo indeterminado.
Alejandra planeaba casarse a fines del 2001. Con su novio, estaban pagando el crédito de un departamento y guardaban en el banco los dólares que les iban a permitir afrontar los gastos de la fiesta. Todos los servicios estaban contratados, pero no pudieron sacar la plata del banco para pagarlos. Por eso, decidieron posponer el matrimonio. El vestido de novia de Alejandra ahora está colgado en la casa de la modista, hasta que la futura esposa pueda retirarlo.
En noviembre, a Natalia le robaron la combi con la que hacía transporte escolar. Como ya estaba muy cerca el fin de las clases, pidió una prestada por unos días, mientras hacía los trámites del seguro. Pero le cayó encima la "pesificación" y con lo que le van a pagar, apenas si le alcanza para comprar un auto común... y usado. Planes que se cancelan, proyectos que se caen, decisiones que se postergan; la crisis económica que atraviesa el país no sólo nos dejó más pobres, también nos cambió la vida. Y, por supuesto, no es fácil mantener la calma cuando las cosas que deseamos para nosotras se vuelven imposibles. Cuando la realidad es tan abrumadora (y tan increíblemente inestable), nada parece estar en el mismo lugar en que estaba.
Además, no a todas nos golpea igual la crisis. Porque en algunos casos los problemas económicos se suman a otros personales, con lo cual, la depresión se instala definitivamente sin ninguna perspectiva de marcharse. Las primeras sensaciones que producen las "catástrofes" no previstas (la cuestión de si ésta podía preverse o no, es tema de otra nota) son ansiedad y angustia. En este caso, además, como se prolongó demasiado la incertidumbre (las reglas del juego fueron cambiando d’a a d’a y una tuvo que rehacer planes cada 24 horas), esas sensaciones se hicieron más fuertes.
Por eso, no es nada raro que te cueste dormir, o estés irritable, o te duela la cabeza o no tengas ganas de hacer las cosas de siempre. La realidad es difícil y, lamentablemente, no se puede simular que aquí no ha pasado nada. Pero la idea es comenzar a dar los pasos para construir de nuevo un futuro: bajar la ansiedad, usar la cabeza y recargar las pilas con energía positiva. Esto implica dejar de quejarse (aunque, por supuesto, tengas toda la razón del mundo) y empezar a HACER.

¿Qué podemos controlar?

¿Cuál fue el efecto concreto que produjo el "corralito" en nuestras vidas? Nos quitó la posibilidad de controlar nuestro dinero. Y todo aquello que no podemos manejar nos provoca ansiedad: no sabemos qué nos puede pasar ni cómo proyectarnos hacia el futuro. "Para que la ansiedad baje tendríamos que poder transformar esto en un problema que sea efectivamente manipulable", explica el licenciado Daniel Bogiaizian, director de la Asociación Ayuda, dedicada al tratamiento y recuperación de los Trastornos de Ansiedad y autor (junto a Gloria Soukoyan y Rodolfo Liceaga) del libro "Combatiendo el miedo al miedo". "Si yo antes tenía 25 mil dólares, no cabe duda de que ya no los tengo. Si sigo pensando en cómo hacer para que mis 25 mil dólares sigan siendo tales, estoy condenado al fracaso y entonces la ansiedad crece. Lo que tendríamos que poder hacer es ver de qué manera relativizar el impacto de lo que sucedió y transformar esto en un problema que pueda manejar". Esta actitud implica, básicamente, tomar una lapicera y un papel; calcular cuánto es el dinero con el que cuento hoy y qué puedo hacer con él. Sobre esta realidad concreta, empezar a decidirse por nuevas opciones, que no van a ser las mismas de antes, porque las circunstancias cambiaron. Por ejemplo, si estaba ahorrando dinero para comprar un nuevo departamento y hoy tengo la mitad de la plata, puedo analizar las opciones concretas que se abren ante esta nueva situación: arreglar el depto donde vivo actualmente, pensar en un barrio más económico o postergar el plan por un tiempo, hasta que el panorama se aclare, y concentrar la mente en otra cosa.

Poner el problema en perspectiva

"Para muchas personas, la vida ha quedado partida en un antes y después del corralito; y la verdad es que la vida es muchísimo más compleja que una cuestión pura y exclusiva mente económica", dice Bogiaizian. "Esto no quiere decir que el problema no debería importarnos. Es importante, y buena parte del criterio de realquilad de una persona tiene que ver con poder atender las cuestiones de orden económico. Pero, mucha gente tiene dificultad para otorgarles a estos fenómenos el impacto real que tienen en sus vidas. En términos globales, entendiendo sus vidas como un todo en el cual está la pareja, la familia, los hijos, los amigos". Tal vez, no sea el dinero en sí mismo lo que te preocupa, sino las cosas que él te permite hacer: comprarte un auto, mantenerte hasta conseguir un nuevo trabajo (si estabas desocupada), casarte, pagar la facultad o hacer un viaje. Pero el hecho de que no puedas hacer determinado plan no invalida el resto de tu vida, que está llena de afectos, placeres y pasiones que seguro son más importantes para vos que el dinero. "Como hay incertidumbre y no se puede calcular con exactitud cuál es el impacto real que tiene en la vida esto que pasó", explica el licenciado Bogiaizian, "las personas empiezan a darle una trascendencia absoluta. entonces, el cincuenta por ciento de tu vida te la pasás hablando del corralito y la verdad es que el cincuenta por ciento de tu vida, en términos reales, no se afectó por el corralito y hay un montón de cosas importantes para vos que sí podas seguir haciendo". Por eso, en los momentos de crisis, es más importante que nunca darles un lugar a los afectos. Encontrarse con amigos no cuesta un peso (no tiene un paquete de fideos y una lata de tomates en su casa?) y puede ser la oportunidad para hablar de los temas que te preocupan. Si estás en pareja, usá el tiempo que están juntos para darse mutuamente las cosas que más los gratifican: preparále a tu hombre su plato preferido, tomáte un tiempo para caminar con él todas las noches y repetíle mil veces lo importante que es para vos. Si estás sola, no te quedes encerrada ni abandones la búsqueda de tu "príncipe azul". En estas épocas, la gente está más sensible y con el corazón abierto es más fácil encontrarse de verdad con alguien y comunicarse en un nivel más profundo.

Desalojar los pensamientos negativos

"Cuando las situaciones no están definidas, estar torturándote todos los días, pensando en lo mismo, no te permite conectaste con las cosas que sí te están pasando", aconseja Bogiaizian. "Por otra parte, no hay que ejemplo, es lo que hacen las personas que sufren tras tornos de ansiedad. Todo aquello que no se sabe, va a ser malo. Estas personas hacen predicciones porque necesitan saber, entonces prefieren pensar que va a ser malo antes que no saber. Predicen lo peor y se sienten pésimo porque lo que predicen es terrible". Sabemos que las cosas no van a mejorar de la noche a la mañana, que se vienen tiempos duros y que vamos a tener que renunciar a algunas cosas. Pero no todo tiene por qué ser tan horrible. Primero, porque en un plano personal nos pueden pasar cosas positivas: enamorarnos, tener un hijo, terminar la carrera o mejorar la relación con nuestra familia. Eso ya va a poner en segundo plano el problema del país. En segundo lugar, cuando las reglas del juego no están definidas, la verdad, es que no sabemos qué nos va a pasar. Y dentro de la crisis general podemos optar por actitudes inteligentes que mejoren considerablemente nuestra situación particular. Tener un pensamiento realista no es lo mismo que ponerse negativos. Si la realidad no parece muy feliz, alguien positivo trata de imaginar el mejor panorama posible o simplemente apuesta a encontrarle (con paciencia y astucia) la vuelta al problema y lograr salir bien parado de la crisis.

* Para preservar la privacidad de los testimoniantes se cambiaron algunos nombres.

MARZO 2002 COSMOPOLITAN

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